miércoles, 14 de abril de 2010

Día 1 de Abril, Jueves Santo

El día 1 de Abril de 2010 correspondió al Jueves Santo de la Semana Mayor de dicho año. Como marcan los estatutos la Hermandad realizaría estación de penitencia.
En esa misma mañana las autoridades tanto civiles como eclesiales estuvieron en nuestro templo para visitar a nuestra hermandad. Significativa -como siempre- fue la visita de nuestro señor obispo Don José Vilaplana, que acompañado por nuestro hermano Mayor Francisco Lagares, rezó y dirigió la oración ante Nuestros Sagrados Titulares. Emotivo fue también el acercamiento de Don José a los pequeños hermanos que allí se encontraban, dando muestras de cariño e interesándose por cada uno de ellos.

Como si de una estampa antigua se tratara, el patio de la facultad, antiguo claustro del convento, se llenaba de nuevo de mercedarios, esta vez de hermanos que harían su estación de penitencia. Conforme los nazarenos iban accediendo al templo, nuestro párroco, director espiritual y queridísimo entre nosotros Don Daniel Valera comenzaba los rezos pertinentes para comenzar la estación de penitencia, que fueron culminados posteriormente por nuestro hermano mayor en el templo de la Purísima Concepción ante el Santísimo.

Daban las ocho de la tarde cuando las puertas de la Merced se abrían para realizar nuestra estación de penitencia. Así nuestra cruz de guía salía del templo seguida de un numeroso cuerpo de nazarenos que abrían el cortejo de Nuestro Padre Jesús de las Cadenas. Este año, la imagen del Señor estrenaba corona de espinas, además de una nueva forma de vestir la clámide. El paso exornado por un precioso friso de claveles sangre salía por el dintel de la puerta del templo mercedario a los sones de la banda de Nuestra Señora de la Salud.

Inmediatamente después los nazarenos que acompañaban al Santísimo Cristo de Jerusalén y Buen Viaje, portando sus cirios al cuadril como el resto de hermanos nazarenos, abrían paso no sólo al Santísimo Cristo, sino también a la reliquia del Lignum Crucis que era portada por un servidor. Ante la presidencia un simpático grupo de pequeños hermanos monaguillos -vestidos todos igual- repartían estampas y caramelos que portaban en sus pequeñitos cestillos y hacían de contrapunto a la seriedad del cortejo. Tras ellos, el trío de capilla Cristus, que como todos los años interpretan magistralmente motetes para acompañar al paso de Nuestro Cristo de Jerusalén y Buen Viaje. Éste iba exornado -como viene siendo habitual- con calas, espinos, hiedra y rosas rojas. Tras el paso, hermanos portando cruces de penitencia.

Un numeroso cuerpo de nazarenos acompañaba a María Santísima, tan venerada en nuestra hermandad. Varios hermanos vestidos con la túnica negra o servita (antigua de la hermandad) acompañaban tanto al estandarte servita (valga la redundancia) como a la reliquia de los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María que la hermandad posee. Tras todos ellos la cruz parroquial acompañada por dos ciriales daba paso al numeroso cuerpo de acólitos de Nuestra Señora. Ocho ciriales (debido al reconocido milagro de Nuestra Virgen) y cuatro incensarios acompañados por navetas daban el ambiente de luz y olor necesarios para el paso de María Santísima. Desde dentro de la Merced el palio se acercaba a la puerta mientras en el porche la banda de Villalba interpretaba Mater Mea, mientras el palio aún permanecía dentro del templo. En este caso Nuestra Señora lucía como siempre radiante, con su palio y manto bordados por Juan Manuel Rodriguez Ojeda y ataviada con un sencillo tocado de encajes de Bruselas que dejaba a la vista el corazón de los siete puñales del magnífico escapulario que posee. A juego llevaba la saya y manguitos bordados todos ellos en los reales talleres de Aranjuez y regalados por su majestad la reina Isabel II (así como el manto de camarín que completa el atuendo). Como novedad y muy acertada para la salida, la Virgen portaba un escapulario de mano, negro y con el corazón traspasado, muy propio de la orden de los Siervos de María. Como viene siendo habitual el exorno floral estaba compuesto por buqués cónicos de azucenas en los latereales, jarritas delanteras de azahar y friso de azucenas.

Destacados varios puntos del recorrido como Vázquez López con plaza Alcalde Coto Mora, calle San José o recogida en Plaza de la Merced.