domingo, 27 de marzo de 2011



TERCERA ESTACIÓN

Jesús es condenado por el Sanedrín

V/.Te adoramos Cristo y te bendecimos.
R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.




Del Evangelio según San Marcos. 14, 55. 60-62. 64

Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban. Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Dios bendito?” Y dijo Jesús: “Sí, yo soy”. Todos juzgaron que era reo de muerte.



ORACIÓN

Jesús, basta que tú digas “Yo soy”,
para que acudamos a ti.
En las prisiones hombres y mujeres te suplican.
Velan y ruegan en la noche.
Nos enseñan el aire que allí se respira,
el mal que oprime,
la libertad que se busca.
Escucha su súplica.
Si no se sienten perdonados, queridos por ti y por nosotros,
si se les niega la esperanza,
están doblemente condenados, encerrados en el brazo de la muerte.
Concédeles a ellos cuanto nos has concedido a nosotros:
la fe en ti y en tu presencia,
el amor a la vida,
la esperanza en un mundo nuevo.
Danos a nosotros y a ellos los medios para buscarte,
para aceptar la espera y para encontrarte.
A ti, Jesús,
Pastor bueno y Señor de nuestras vidas,
Amigo de rostro clemente,
la alabanza pura y grata,
con el Padre y con el Espíritu,
en el tiempo y en la eternidad.

R /.Amén.

Todos:

Padre Nuestro...


¡Oh, que triste y que
afligida fue la Madre
del Unigénito!

Segunda estación del Viacrucis



SEGUNDA ESTACIÓN

Jesús, traicionado por Judas, es arrestado.



V/.Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



Del Evangelio según San Marcos. 14, 43. 45-46

De pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: “Rabbí”, y le dio un beso. Ellos le echaron mano y le prendieron.

ORACIÓN

Señor Jesús,
en nuestras divisiones, fruto amargo del pecado,
enséñanos el camino hacia la unidad,
el camino que conduce a la riqueza indecible
del Evangelio y de la Redención.
Debe llegar el tiempo establecido por el Padre,
en el cual se manifiesta el amor que perdona y une.

Tú, sabio Maestro de vida,
tú, bueno y paciente,
ante la traición del discípulo
y a la prepotencia de los gobernantes,
danos en estos días de violencia inaudita
y de brutal oposición entre los hombres,
un rayo de tu calma y tu serenidad.
Danos sentimientos de paz y perdón,
porque no hay paz sin perdón,
no hay perdón sin compasión.
A ti, Jesús,
que al amigo que te traiciona
le muestras tu rostro benigno,
la alabanza y el honor,
con el Padre y con el Espíritu,
hoy y por los siglos de los siglos.


R /.Amén.

Padre Nuestro...


"A cuya alma triste
y doliente, atravesó
una espada de dolor".